Si hiciéramos zoom sobre Lombrisoil, más allá de los microorganismos que naturalmente contiene, no encontraríamos una solución homogénea ni un extracto químico simple, sino una suspensión de microagregados organo-minerales funcionales, herederos directos del proceso biológico que les dio origen. Lo que aparece a esa escala no es cantidad de nutrientes, sino organización. Son unidades microscópicas que conservan la lógica estructural construida dentro del tracto digestivo de la lombriz.
En ese nivel de zoom aparecen microagregados formados por minerales finos, principalmente limo y arcillas, íntimamente asociados a polímeros orgánicos. Estos minerales provienen del suelo o del sustrato original ingerido por la lombriz. La lombriz no los crea, pero sí los reorganiza. Durante el tránsito intestinal, bajo condiciones de humedad constante, pH amortiguado y alta actividad microbiana, estas partículas quedan recubiertas y enlazadas, formando microagregados estables con propiedades físicas y biológicas específicas.
Recubriendo estos microagregados se observan polímeros orgánicos de origen intestinal, principalmente mucopolisacáridos y glicoproteínas secretadas por el epitelio intestinal de la lombriz. Estas secreciones cumplen una función fisiológica primaria ligada a la lubricación y protección del contenido intestinal, pero su efecto estructural es decisivo: actúan como agentes aglutinantes que mantienen cohesionadas las partículas minerales y orgánicas, generando superficies continuas, hidratables y biológicamente compatibles.
Integrados a esta estructura también aparecen polímeros microbianos, en particular exopolisacáridos producidos por bacterias asociadas al tracto digestivo de la lombriz. El intestino funciona como un entorno donde los microorganismos encuentran condiciones ideales para adherirse y producir matriz extracelular. Esa matriz queda incorporada al microagregado y, aun después de la hidrólisis y dilución, persiste en forma de microagregados finamente fragmentados, no como polímeros libres.
En este zoom también pueden encontrarse enzimas extracelulares adsorbidas, como fosfatasas o glucosidasas, inmovilizadas sobre la superficie de estos microagregados. No están presentes como un paquete enzimático activo destinado a actuar de forma directa, sino como parte de una matriz que señala un entorno biológicamente compatible, induciendo a la microbiota del suelo a activar sus propios procesos metabólicos.
Todo este sistema es generado por la lombriz de manera indirecta, como resultado de su modo de vida. Al ingerir suelo y materia orgánica, la lombriz mezcla, fragmenta y somete ese material a un proceso digestivo donde secreciones intestinales, microbiota y minerales interactúan íntimamente. El resultado son microagregados con propiedades emergentes que no existían en el material original. Cuando ese humus se lleva a fase líquida para producir Lombrisoil, lo que se hace es dispersar y transportar esos microagregados, reduciendo su tamaño pero conservando su funcionalidad.
Por eso, al hacer zoom en Lombrisoil no se observa un fertilizante líquido, sino la versión móvil de los microagregados que la lombriz construye en sólido. Son unidades estructurales capaces de integrarse al suelo, facilitar la adhesión microbiana, estabilizar microambientes y reconstruir, desde la escala más pequeña, el ambiente donde raíces y organismos del suelo pueden operar de manera eficiente.

