En el mundo de los productos derivados de lombriz, distintos materiales suelen agruparse bajo una misma categoría, aun cuando su origen, su proceso y su modo de acción son profundamente distintos. Lombrisoil, al ser un hidrolizado enzimático de humus de lombriz, responde a una lógica completamente diferente a la de un lixiviado de cama, a la de un té de lombriz tradicional o a la de productos obtenidos mediante hidrólisis química. Comprender estas diferencias es clave para entender por qué sus efectos en el suelo son más estructurales, más consistentes y más persistentes.
El punto de partida es siempre el mismo: el humus de lombriz sólido. Este material no es una solución ni un extracto, sino un conjunto de microagregados organo-minerales generados dentro del tracto digestivo de la lombriz. En ellos, minerales finos, polímeros orgánicos de origen intestinal y polímeros microbianos quedan organizados en una arquitectura estable. Esa organización es la fuente de su funcionalidad. El valor del humus no está en compuestos aislados, sino en esa estructura integrada.
Un lixiviado de lombriz corresponde al agua que escurre desde las camas durante el riego. Su composición depende del manejo, del momento de colecta y del estado de la cama. El agua arrastra fracciones solubles disponibles en ese momento y microorganismos en suspensión, pero no interviene sobre la estructura del humus. No hay ruptura ni liberación controlada de microagregados. El lixiviado refleja lo que el agua logra llevarse, no la arquitectura que la lombriz construyó. Por eso, su efecto suele ser variable, poco reproducible y principalmente transitorio.
El té de lombriz parte de una lógica extractiva distinta, pero con una limitación similar. Al sumergir el humus sólido en agua, con o sin aireación, se busca movilizar microorganismos y metabolitos solubles hacia la fase líquida. Sin embargo, la mayor parte de la estructura del humus permanece intacta en el sólido. Los microagregados y las superficies organo-minerales que explican la estabilidad del sistema no se transfieren al agua. El té puede tener efectos biológicos interesantes a corto plazo, pero depende fundamentalmente de la supervivencia y actividad directa de los microorganismos extraídos, no de una reorganización física del suelo.
Lombrisoil responde a una lógica completamente distinta porque se obtiene mediante una hidrólisis enzimática del humus de lombriz. Este proceso no busca lavar, arrastrar ni extraer selectivamente lo soluble, sino intervenir de manera controlada la matriz del humus. Las enzimas actúan rompiendo enlaces específicos de la estructura orgánica, fragmentando parcialmente los microagregados y liberando unidades funcionales sin destruir la química de superficie ni la lógica biológica del sistema. El objetivo no es disolver el humus en moléculas simples, sino volver transportable su arquitectura.
El resultado es una suspensión líquida de microagregados finamente fragmentados y polímeros estructurantes, que conservan la capacidad de interactuar con minerales, agua y microbiota. Al aplicarse al suelo, estas unidades se adsorben rápidamente a la matriz existente, inducen adhesión microbiana y favorecen la producción local de exopolisacáridos. Así, se reconstruyen microambientes estables en la rizosfera sin necesidad de aportar grandes cantidades de materia orgánica nueva.
La diferencia con productos obtenidos por hidrólisis química es crítica. En la hidrólisis química, el uso de ácidos, bases u otros agentes agresivos tiende a romper indiscriminadamente la materia orgánica. En ese proceso, no solo se fragmenta la estructura, sino que se corre un alto riesgo de destruir la arquitectura biológica original del humus. Los complejos organo-minerales se desarman, las superficies funcionales se pierden y el material resultante queda reducido a componentes químicos aislados, sin capacidad de reorganizar el suelo. Aunque el producto final pueda ser soluble, su integración estructural al sistema edáfico es limitada.
En un hidrolizado enzimático como Lombrisoil, en cambio, la intervención es selectiva y coherente con el origen biológico del material. Las enzimas no imponen una química externa al sistema, sino que operan dentro de los límites que el propio humus tolera sin perder funcionalidad. Por eso, el producto no genera respuestas desbalanceadas ni efectos efímeros, sino cambios rápidos en la estructura y biología del suelo, seguidos de respuestas vegetales progresivas y equilibradas.
En síntesis, aunque lixiviados, tés de lombriz e hidrolizados puedan compartir un origen común, no son equivalentes. El lixiviado arrastra lo soluble, el té extrae lo biológico disponible, la hidrólisis química arriesga destruir la arquitectura. Lombrisoil, al ser un hidrolizado enzimático, preserva y transfiere organización. Esa diferencia explica por qué su impacto no se basa en estímulos directos, sino en la reconstrucción profunda del ambiente del suelo que sostiene el crecimiento vegetal en el tiempo.

